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Después de ti

Cierro los ojos y miro en lo profundo. Me encuentro de repente en un nuevo camino, desconocido, inesperado, intrincado quizás. Súbitamente me enfrento a la profundidad y me sumerjo en la bruma, en la inmensidad de tus ojos color de mar. Delineo tu rostro con mis dedos que intentan memorizarte, retenerte con el tacto, dibujando en cada línea tu figura. Merodeo delicadamente tu rostro con el mío y en ese vaivén por las comisuras de mis labios y por mis fosas nasales se filtra tu olor y tu sabor a sal. El sudor nos empapa y penetra todos nuestros poros, nuestros orificios y ese olor amargo y dulce se comporta como una sustancia alucinógena que me vuelve adicta a ti, a tus besos, a tu maravilloso encanto, a tu descarada coquetería, a tu capacidad erótica de leerme, de adentrarte en mí.

Claudico sin más a la pesadez de mi cuerpo y me dejo llevar por la sorpresa, por esa ironía extraordinaria que nos rodea, que nos envuelve, que nos compromete, que me libera. Tu mirada furtiva me transporta a lugares desconocidos, y tus caricias a lo largo de mi cuerpo me estremecen y me llevan a estados de excitación que desencadenan en gemidos profundos que emanan de mi vientre y se liberan fuera de mi cuerpo, para reclamarte, suplicarte que te quedes, ahora… para siempre. Sin análisis de consecuencias consiento la idea de quererte, de adorarte, incluso de amarte y sé que con mi rostro en la penumbra tu desearas sacarme de ahí, de ese estado abismal e inexorable, en el que me encuentro, el que tu ya reconoces y dolorosamente nos separa.

Se trata acaso esto de una dicotomía? Miedo o emoción? No lo sé, pero la parsimonia es tal, que me siento en estado de ingravidez y los remanentes de un placer milagroso, explosivo, se pasean descaradamente por mi entrepierna y recorren inauditamente el largo de mis blancas piernas, dejando a su paso un destello, un escalofrió, tal vez una huella. Me penetras en lo profundo, y en lo profundo te quedas, con tu mirada me escudriñas sin tener consideración alguna. Inquieres en cada rincón, lo repasas y queriéndolo o no dejas parte de ti en ellos. De una manera que no logro comprender te instalas en cada uno de ellos y al mismo tiempo sales de mi, para observarme con la pasividad estremecedora de tus ojos, descubriendo en los míos un asomo inusitado de sorpresa, de admiración, de miedo, de infinitos suspiros……de orgasmos oculares. Este es el eufemismo mágico: nos compromete, nos envuelve, y sin planearlo en un pestañeo de mis expresivos ojos y en un abrir y cerrar de los tuyos, imprudentemente nos sumergimos en sus redes.

Anonimo

 

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